Esta Copa America tenía una sola finalidad: ver a Messi levantandola, que esta generación de jugadores se saque la mufa y que Argentina vuelva a ganar algo tras 23 años. Algo tan inexplicable, como que en los últimos cuatros partido contra Chile, empatamos dos y ganamos dos, terminamos invictos y sin embargo nos ganaron dos títulos en los penales. De no creer.
Messi tiene 28 títulos en su carrera y sin embargo nunca pudo obtener uno con la selección mayor. Un karma que le persigue, y, al menos que revierta su decisión, culminará su carrera con este maleficio. Haber ganado esta Copa hubiese sido un impulso para el Mundial de Rusia, pero la mala suerte sigue ahí. Ya es algo psicológoco. No puede ser que Higuain falle jugadas claras tres años consecutivos. Ya no es futbolístico el problema, es mental. Hasta empezamos ganando la tanda de penales, pero cuando falló Messi su penal, ya se sentía que otra vez no iba a ser. El fútbol es tan lindo como odioso, sino no se entiende tanta malaria. Con una selección consolidada, una defensa solida, un medio campo que parece tener jugadores de sobra, y delanteros de primer nivel mundial, Argentina sigue sin poder ganar nada. Duele por Mascherano, por Romero, por Otamendi, pero principalemente, duele por Messi. Nadie más que él se lo merece. Tener que refugiarse otra vez en "la próxima será", es una pena enorme. Anda Lio, descansa, refugiate en tu familia, tu esposa, tus hijos, refresca la mente, rompela como siempre en el Barcelona, y volve con más hambre que nunca, con más bronca, con más odio. Rusia te espera. No quedará así. Tu última imagen con la selección no puede ser llorando por una derrota. Duele en el alma.





